Hoy me he levantado con un pequeño temblor de tierra, de los tropecientos que suelen haber aquí en San Francisco. Nada grave, sólo una leve sacudida de unos 10 segundos, pero lo suficiente como para que se note como se mueve todo en la habitación.

Al rato, he encendido el ordenador y me he encontrado con unos cuantos mensajes de ánimo de amigos y también de personas  desconocidas que habían leído el artículo de Natalia Junquera en El País sobre el caso de mi hermano mellizo, que aparecía hoy domingo 22 de Mayo.

El caso es que recibo constantemente mensajes de esta índole desde hace más de un mes, pero es algo que me sigue conmoviendo enormemente. Ver que hay gente que no me ha tratado jamás, que no me conoce de nada, y que dedica tiempo y esfuerzo en mandarme un mensaje, para darme ánimos, fuerzas y para mostrarme su solidaridad, es algo que me llega al corazón.

Y tanto en esta ocasión con el artículo de El País, como cuando mi padre ha aparecido en programas de televisión, la respuesta por parte de esa gente que de repente me manda emails, mensajes por Facebook -e incluso se hace amiga mía en esta red social-, que retuitea mis mensajes en Twitter, o los cerca de 1000 usuarios que han visto mi vídeo en Youtube, es asombrosa, increíble y muy esperanzadora para mi.

Pero ver ese artículo en El País hoy precisamente: un domingo, y además de elecciones autonómicas y locales en España, sabiendo la audiencia y la repercusión tan apabullantes que puede tener, ha sido algo inmenso...

Y se me ocurre, rememorando mi despertar de esta mañana, que toda esta difusión mediática va a ser como un terremoto. Va a provocar grandes avances en nuestra búsqueda, va a sacudir allá donde parecía imposible llegar. Vamos a llegar lejos. Vamos a llegar hasta mi hermano mellizo.
 
He de decir que con toda la difusión que le estamos dando a este caso, estamos viendo en mi familia, con muchísimo agradecimiento, la infinidad de muestras de apoyo y de ánimos por parte de amigos, de familiares, de vecinos, conocidos,...

Pero lo más sorprendente, y yo diría increíblemente esperanzador, es recibir esas muestras incluso de gente que no nos conoce de nada, que ha visto a mi padre en la tele, o le ha llegado mi email de un conocido de un conocido, o mis tweets,... toda esa gente me impresiona, me conmueve muchísimo y me motiva enormemente para seguir buscando. Porque confirma mi idea de que el mundo está mayoritariamente lleno de gente buena y con buen corazón.

A toda esa gente, le doy las gracias de corazón por sus ánimos y su apoyo, y porque sé que, gracias a ella, a su ayuda y a su buena voluntad, seguramente será mucho más corta esta búsqueda que llevamos a cabo muchas familias.